Un drago, para no olvidar
Cincuenta años después del asesinato de Pablo Espinel de Vera, vecino y alcalde pedáneo del pueblo de Guisguey, la asociación vecinal Los Pajeros rindió un sentido homenaje en la plaza que lleva su nombre y que fue levantada hace casi una década gracias al esfuerzo colectivo de vecinos, familiares e instituciones.
El acto tuvo lugar justo el día en que se cumplían 50 años de su muerte, ocurrida el 27 de abril de 1976. Pablo Espinel tenía 43 años. “Demasiado joven, demasiado pronto”, se recordó durante el homenaje, en el que se subrayó que quienes lo conocieron coinciden en describirlo como “una gran persona”, siempre dispuesto a ayudar y a prestar “su brazo, su palabra, su tiempo”.
Desde la asociación vecinal, su presidenta Teresa García explicó que el homenaje no se limitó al acto celebrado este lunes, sino que estuvo precedido por varios trabajos de acondicionamiento del espacio. En los días previos se repararon las esculturas que representan a Pablo Espinel y a su mujer, Agustina Jiménez; se pintaron el taro y la portada; se retiraron malas hierbas y se renovó la cartelería que relata lo ocurrido aquel 27 de abril.
Además, este lunes también se plantó un drago en la plaza de la iglesia, acompañado de una placa conmemorativa por el 50 aniversario. “Entendemos que el drago es un símbolo de recuerdo y que una persona no se va del todo si mantenemos vivo su recuerdo”, subrayó García. Juliana Jiménez, cuñada de Espinel, fue la encargada de dar los últimos toques al drago recién plantado. Muy emocionada, confesó sentirse muy triste "porque Pablo era una persona muy buena, muy buena", reconoció sin esconder las lágrimas.
El acto contó también con un agradecimiento expreso al Ayuntamiento de Puerto del Rosario por la colaboración prestada, tanto con material como con operarios, así como a los miembros de la asociación, vecinos, familiares y amigos que participaron en las tareas previas. Entre ellos se citó incluso a un niño de siete años, José, que “renunció a Feaga para venir a pintar y arrancar hierbas”.
Durante el homenaje se leyeron unas palabras del concejal en el Ayuntamiento de Puerto del Rosario y vecino de Guisguey, David de León, que no pudo asistir por encontrarse en un pleno municipal. Palabras que pusieron de manifiesto que Pablo Espinel fue asesinado por dos legionarios y que durante años se mantuvo una versión equivocada de su muerte. Según el texto leído, uno de ellos le disparó primero por la espalda y el otro “acabó con su vida tras una ráfaga de disparos”.
El homenaje quiso reparar también la memoria de Agustina Jiménez, esposa de Pablo Espinel, que presenció el crimen y arrastró ese dolor hasta su muerte. “Hoy también la honramos a ella”, en un acto que no solo recuerda la tragedia sino la dignidad de un pueblo decidido a no olvidar.
La plaza dedicada a Pablo Espinel fue impulsada hace casi una década por la asociación vecinal y construida gracias a pequeñas aportaciones económicas y, especialmente, a las `pioná´ realizadas durante meses.
“Pablo murió muy joven, pero su corazón sigue latiendo...late en cada persona que lo recuerda, en cada vecino que ayuda al vecino, en cada amanecer y atardecer de este precioso valle”.
