En mayo de 1976, abrió sus puertas, en Puerto del Rosario, la Escuela Hogar. Han transcurrido 50 años, una fecha para conmemorar la relevancia de esta institución no solo aplicando la memoria sino poniendo el corazón.
Así lo destacó Nicolás Gutiérrez, exalcalde de Puerto del Rosario y antiguo director del centro -entre otras responsabilidades-, al recordar el espíritu que mueve ahora la conmemoración de la puesta en marcha después de cinco décadas y el valor de esta escuela vivida como hogar por muchos de los cientos de estudiantes que han pasado por ahí. “Recordar es fácil para quien tiene memoria. Olvidar es difícil para quien tiene corazón”, subrayó al inicio de una entrevista en el programa La Voz de Fuerteventura, en Radio Insular.
Acompañado por quien fuera trabajadora del centro Sensa Cabrera y la exalumna Puri Cabrera, Gutiérrez recordó que la Escuela Hogar nació en una Fuerteventura muy distinta a la actual, una isla con carreteras escasas, comunicaciones difíciles, población diseminada y familias para las que llevar cada día a sus hijos al colegio era, sencillamente, imposible.
Gutiérrez explicó que la creación de una Escuela Hogar en Fuerteventura ya aparecía recogida en antiguas actas del Cabildo y que, en un primer momento, se llegó a plantear su ubicación en una zona más céntrica de la isla, impulsada por representantes de Gran Tarajal. Finalmente, la decisión política situó el recurso en Puerto del Rosario.
La escuela fue aprobada por el Ministerio de Educación en diciembre de 1975, aunque no empezó a funcionar hasta mayo de 1976, cuando llegaron los primeros alumnos procedentes de distintos puntos de la isla. En aquel tiempo, recordó Gutiérrez, Fuerteventura estaba viviendo transformaciones profundas. El aeropuerto en El Matorral había abierto en 1969, el turismo comenzaba a despegar y la descolonización del Sáhara había provocado un fuerte incremento de población en 1975.
En ese contexto inició su andadura la escuela y así lo atestiguaron los periódicos de la época. "37 niños que no quieren ser analfabetos", rezaba el Eco de Canarias. Eran niños de familias que se desplazaban por la isla siguiendo las zafras, el trabajo en las fincas o el ganado, y que quedaban fuera de una escolarización normalizada.
Asensa Cabrera explicó que los trabajadores "hacíamos de padre, madre, hermano”. Los niños llegaban el lunes temprano, con su maleta y la ropa para toda la semana, y no regresaban a sus casas hasta el viernes.
“Durante cinco días sin volver a casa”, recordó Asensa, subrayando lo que suponía dejar a niños de apenas seis años en manos del personal del centro. No había periodos de adaptación como los de ahora, subrayó. “Toma la niña, toma el bolsito y hasta el viernes”.
Puri Cabrera fue una de aquellas niñas. Entró con seis años y pasó buena parte de su infancia vinculada a la Escuela Hogar. “Nosotros vivíamos en un barranco”, explicó, con apenas contacto con otros niños fuera de la familia. En la Escuela Hogar descubrió otros mundos. “Una de las cosas que más me gustó a mí fue la biblioteca”, recordó. Allí había libros, actividades, excursiones, música, teatro y hasta un pequeño periódico. También había algo tan básico y tan extraordinario para muchos niños de aquella época como dos platos en cada menú y postre. "Una comida de hotel de cinco estrellas", aseguraba alguno.
Una Escuela para la vida
Nicolás Gutiérrez insistió en que la Escuela Hogar no solo enseñaba asignaturas. Enseñaba a vivir. Los alumnos tenían turnos, responsabilidades, encargos en los dormitorios, en el comedor y en la limpieza. Aprendían a levantarse, asearse, hacer la cama, poner la mesa, recoger los platos y convivir. “Era la preparación para la vida”, resumió.
La Escuela Hogar llegó a contar con 210 plazas, aunque no siempre estuvieron todas cubiertas. Nicolás recuerda épocas con más de 180 niños y niñas.
Había grandes dormitorios, equipos deportivos, lucha canaria, fútbol, teatro, viajes de fin de curso, acampadas en El Cotillo, fiestas de Navidad y cumpleaños mensuales con dulces y regalos.
Hoy el recurso funciona de manera muy distinta. La actual residencia escolar cuenta con muchos menos alumnos, una parte vinculada a ciclos formativos y Bachillerato, y otra a necesidades sociales.
Ahora, medio siglo después del inicio de su andadura, una comisión integrada por antiguos alumnos, personal laboral, la actual dirección y el propio Nicolás Gutiérrez, trabaja para celebrar un acto conmemorativo que tendrá lugar el próximo mes de septiembre para recordar y poner en valor la relevancia de este centro para muchos desconocido.
