En la tertulia de La Voz de Fuerteventura, en Radio Insular, conversamos con hombres y mujeres que trabajan en empresas punteras del Parque Tecnológico de Fuerteventura y que están desarrollando proyectos y procesos pioneros en el mundo.
Compartimos su mirada para constatar la relevancia de esta infraestructura que es pionera a nivel europeo. Así lo reivindican, sobre todo, los trabajadores canarios, de islas capitalinas, asegurando que el estratopuerto es “un orgullo canario”, que les pone “la moral muy alta” y que genera oportunidades reales para que el talento no tenga que salir fuera del archipiélago.
Podrían desarrollar su carrera en Madrid, Barcelona, Londres o en cualquier otro nodo tecnológico del mundo, pero han encontrado en la isla un lugar desde el que participar en proyectos pioneros. Son el ingeniero majorero Raúl Rodríguez, de Pegasus, responsable de operaciones y piloto; Javier Mejías, de A-techSYN, piloto; Ana González García, de Magline Composites, responsable de desarrollo de negocio y piloto; y David Afonso, también de Magline, mecánico especialista en aeronáutica y piloto.
Profesionales que ponen en valor el estratopuerto en el que trabajan a diario como una infraestructura que sitúa a la isla en una posición singular dentro del mapa europeo. “No hay nada así en Europa. Literalmente, no hay nada así en Europa”, subrayaron para explicar la dimensión real de un espacio que, pese a su potencial, sigue siendo todavía desconocido para buena parte de la sociedad majorera.
El stratopuerto no es solo una pista ni una instalación técnica. Para quienes trabajan allí, es un gran laboratorio.
Un espacio donde se prueban aeronaves no tripuladas de gran envergadura, se corrigen diseños, se ensayan sistemas de seguridad, se trabaja en telecomunicaciones y se avanza en la integración de la aviación civil con la aviación no tripulada.
sa es, precisamente, una de las claves que convierte a Fuerteventura en un enclave excepcional, la posibilidad de operar junto a un aeropuerto comercial, con comunicación constante entre técnicos, control aéreo y empresas, pero en un entorno con baja densidad de población, espacio aéreo menos saturado y amplias zonas marítimas para realizar pruebas con mayor seguridad.
No solo proyectos
No se trata únicamente de volar drones, advierten. Se trata de construir los procedimientos que permitirán, en el futuro, autorizar operaciones civiles con aeronaves no tripuladas, definir corredores aéreos, garantizar comunicaciones estables y automatizar permisos que hoy pueden tardar meses, resume Ana González sin esconder la pasión por su labor y su satisfacción por poder hacerlo en Fuerteventura.
“Somos los primeros, desde luego, de Europa y probablemente del mundo, donde se están diseñando los procesos de certificación”, subrayaba poniendo en valor la dimensión del reto.
Entre los proyectos que ya se están desarrollando destacan líneas vinculadas a la gestión de incendios, la biodiversidad y la logística hospitalaria.
En el ámbito sanitario, Pegasus y Magline trabajan en vuelos que permitirían conectar centros de salud con el Hospital General de Fuerteventura para transportar muestras de sangre o material clínico, reduciendo de forma significativa los tiempos de respuesta.
Las pruebas realizadas han demostrado la viabilidad de esos corredores, con rutas como la conexión entre el stratopuerto, el hospital y centros de salud como el de Corralejo, en tiempos que no superarían los 15 minutos.
Se apuntó también la posibilidad de transportar, a futuro, órganos para trasplantes; un campo donde los tiempos son decisivos y donde la autorización inmediata de rutas seguras podría marcar la diferencia.
Para que eso sea posible, se trabaja también en software capaz de agilizar permisos de vuelo e incluso adaptar trayectorias en tiempo real. “Eso es absolutamente pionero en el mundo, no hay nada parecido”, defendieron.
La tecnología que se ensaya en la actualidad en Fuerteventura puede tener, además, aplicaciones mucho más amplias en el campo de la biodiversidad, la toma de datos para prevenir y tomar decisiones anticipando los efectos adversos de temporales o sequías derivadas del cambio climático, también en el control del espacio marítimo y la detección en la llegada de pateras, lo que posibilitaría salvar vidas.
Airbus se instala en el Parque Tecnológico
La labor que están realizando las empresas instaladas sirve como tractor para que otras grandes firmas desembarquen también en el Parque. Es el caso de Airbus, constatan, con orgullo. “Que una compañía como Airbus, que la conocemos con toda la tradición que tiene de aviación comercial, vengan y se interesen, ya no solo por las instalaciones, sino por lo que hemos conseguido, las empresas que estamos aquí, pues al final, como orgullo canario, podemos decir que nos pone la moral muy alta”.
Ana, Javier, David y Raúl destacan las posibilidades del Parque Tecnológico de Fuerteventura que está despegando y que, en el contexto global actual, va a seguir desarrollándose y generando valor. Por eso, instan también a fomentar la formación en este ámbito. Un objetivo que planteaba el exgerente del Parque, Eduardo Pereira, y que el Cabildo de Fuerteventura prevé hacer realidad con la construcción de un centro de estudios superiores en las inmediaciones del Parque.
En esta línea, Raúl Rodríguez, majorero, defendió la necesidad de generar un camino formativo que permita el retorno del talento y ofrezca “un trabajo digno” vinculado a la tecnología. Ana González insistió en esa misma idea: Hasta que llegue ese momento, los jóvenes que estudien ingenierías o perfiles técnicos deben saber que pueden volver a la isla y encontrar un centro de primer nivel donde desarrollar una carrera profesional, de calidad, y más allá del turismo.
Los trabajadores insisten en que el Parque Tecnológico y el stratopuerto abren una oportunidad real de diversificación económica en una isla acostumbrada a mirar casi siempre al turismo como única salida.
Aquí hay calidad de vida, sí, pero también laboratorios, salas de simulación, proyectos europeos, empresas especializadas y profesionales preparados para competir desde Fuerteventura con cualquier gran capital tecnológica, apuntan.
Por eso, frente al desconocimiento o la distancia que todavía existe entre una parte de la ciudadanía de Fuerteventura y el Parque Tecnológico, sus trabajadores reivindican otra mirada.
La de una isla que puede sentirse orgullosa de estar participando en el diseño de procesos y proyectos que mañana podrán exportarse a otros territorios.
Proyectos que pueden redundar en muy diversos ámbitos, también el sanitario, y que posibilitarán no solo diversificar la economía sino también para mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas de Fuerteventura.
