sábado. 09.05.2026
El conservador de patrimonio Loren Castañeyra ha vuelto a poner el foco en la necesidad de intervenir el patrimonio histórico de Fuerteventura con respeto y sensibilidad.  Lo hizo en una entrevista donde valoró de forma muy positiva el proyecto de estabilización de la Casa del Inglés, en La Oliva, y lo contrapuso a otras actuaciones recientes que, a su juicio, han alterado o dañado bienes patrimoniales de la Isla.

Castañeyra reconoció que la presentación del proyecto, a cargo de los arquitectos Aroche y González, le emocionó. “Me sorprendió el respeto que mostraban por la obra, el cariño, el respeto y la dedicación”, señaló, una forma de hacer que no ha acompañado a otras intervenciones y que, a juicio de Castañeyra, debe marcar un cambio de criterio en Fuerteventura. 

Uno de los detalles que más valoró fue el cuidado aplicado incluso antes de la restauración definitiva. La elección de andamios blancos, pensados para reducir el impacto visual sobre el inmueble, le sirvió para ilustrar una forma distinta de entender la obra patrimonial. “Han guardado todos los detalles para esta intervención”, sostuvo, subrayando que “no han tirado nada, no han tirado ni una piedra”.

Ese mimo contrasta, según el conservador, con actuaciones como la realizada en la Casa de los Coroneles, también en La Oliva. Allí, criticó, no se tuvo en cuenta el impacto visual ni se preservaron elementos esenciales como la policromía. “Toda la policromía ya no se hizo ni se puede recuperar”, lamentó.

Intervención en Casa del Inglés y Casa de los Coroneles
Intervención en Casa del Inglés y Casa de los Coroneles

También destacó la actuación en la conocida como ermita de Puerto Escondido, denominación que corrigió al asegurar que debería hablarse de capellanía. Según explicó, “no hay ningún dato” que permita considerarla ermita, ya que nunca tuvo la estructura propia de estos edificios religiosos. Sobre este inmueble, afectado por un incendio el año pasado, advirtió de que “sufrió más por las malas intervenciones que por el propio incendio”.

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Castañeyra vinculó esos daños a la pérdida de elementos originales, especialmente la policromía. “Cuando a un edificio le quitas la policromía, es como cuando a una persona le quitas la piel”, expresó, defendiendo que esos restos forman parte del carácter y de la memoria del bien.

También cuestionó con dureza la intervención en la Molina de la Charca, en Puerto del Rosario, que definió como “el libro de lo que no se debe hacer”. A su juicio, los errores afectan al uso de materiales, a la altura d

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Molina de la Charca

el edificio, al pavimento y a la lectura general del inmueble. “No hay nada que haya salido bien”, señaló.

Otro de los ejemplos mencionados fue la Casa Alta de Tindaya. Castañeyra recordó que existía documentación fotográfica que permitía conocer cómo era el edificio antes de la intervención aunque, lamentó, no se recurrió a ella. El resultado, dijo, es una pérdida de valor patrimonial hasta el punto de que “parece otro edificio”.

Casa Alta de Tindaya, antes y después
Casa Alta de Tindaya, antes y después

 

Frente a esa tendencia, insistió en que restaurar no consiste en dejar la firma del técnico, sino en conservar la obra con el máximo respeto. “El mejor piropo para un restaurador puede ser que parece que no está restaurado, sino que está conservado”, defendió.

Proteger y mantener la cornisa de Puerto del Rosario

 

Como es habitual, el programa concluyó con una referencia a la defensa a ultranza de la cornisa de Puerto del Rosario.

Castañeyra celebró que se avance en su conservación, aunque advirtió de que el siguiente paso debe ser decidir cómo intervenirla.

Ahora, añadió, toca pensar cómo mantenerla y cómo recordar que “el mar llegaba hasta los pies de la cornisa”, porque conservar patrimonio también implica preservar la memoria de lo que fue Fuerteventura. 

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