domingo. 14.06.2026

Los cerezos en flor engalanaron anoche la villa histórica de Betancuria para acoger una de las obras más conmovedoras del repertorio lírico universal. La historia de Cio-Cio-San, la joven geisha de Madame Butterfly, marcada por el amor, la espera y la tragedia.

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La representación de la obra de Giacomo Puccini, impulsada por Ópera Fuerteventura en el marco de la IV edición de Operatria Betancuria y dentro del XI Festival ÓperaFuerteventura, convirtió el corazón de Betancuria en un pequeño barrio de Nagasaki.

Retrocedieron las hojas en el calendario hasta situarnos en principios del siglo XX, invocando un ambiente de música tranquila, tradiciones y emociones intensificadas por el olor a incienso y una escenografía bien montada e iluminada.

La noche comenzó mucho antes de que sonaran los primeros compases de Puccini. El público fue llegando a Betancuria en guaguas habilitadas para facilitar el acceso a la villa, en una apuesta organizativa que permitió disfrutar del entorno con el menor impacto posible.

A la entrada, los asistentes fueron recibidos, como es habitual, con vino y queso de la tierra. El espectáculo comenzó al anochecer, se retrasó unos minutos buscando la oscuridad de la noche para envolver al espectador en una atmósfera íntima, delicada y profundamente evocadora.

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El elenco estuvo encabezado por la soprano Ximena Agurto, que dio vida a Cio-Cio-San, junto al tenor Manuel Valero como Pinkerton. La mezzosoprano María Luisa Bringas interpretó a Suzuki, mientras el barítono Christopher Gagliardo asumió el papel de Sharpless. El reparto se completó con el tenor Álvaro Soto como Goro y Ana Carmen Jiménez como Kate Pinkerton.

La música fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Fuerteventura, bajo la dirección de Tulio Gagliardo, conduciendo la partitura de Puccini con gran sensibilidad.

Ópera Fuerteventura, la ópera del pueblo

 

La dirección artística y de escena, así como el diseño del vestuario, llevaron la firma de José Concepción. El tenor majorero de proyección internacional es la figura clave en el desarrollo de esta propuesta y en la consolidación de Ópera Fuerteventura como proyecto cultural de referencia en la Isla.

JOsé Concepcion en Madame Butterfly

Su trabajo ha permitido construir una puesta en escena delicada, respetuosa con la obra y, al mismo tiempo, adaptada al carácter especial de Betancuria. La sastrería, obra de Justy Wilber, reforzó la estética de una producción que cuidó cada detalle para trasladar al público al universo íntimo y doloroso de Cio-Cio-San.

La escenografía, diseñada y producida por la propia Asociación Ópera Fuerteventura, fue todo un éxito al igual que la iluminación del grupo “Mejor con Arte”.

Como es habitual, participaron también vecinos y vecinas de la Isla en la figuración intensificando el acceso universal a la ópera que en Fuerteventura se hace con el pueblo y para el pueblo.

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Es el objetivo de la Asociación Ópera Fuerteventura, presidida por Jonatan Suárez, quien destaca, en el libreto, que llevar la ópera a Betancuria, y representarla a aire libre, permite que la obras se transforme "en algo vivo". Considera que la música cobra verdadero sentido cuando se comparte, ya que "crea vínculo y nos reúne".

En ese objetivo, cabe destacar que se trata de un evento gratuito; uno de los aspectos que más sorprende al público extranjero por el elevado coste que la ópera tiene para el bolsillo de los espectadores en otros países y que, en Fuerteventura, posibilita el acceso universal gracias a la colaboración del Gobierno de Canarias y del Ayuntamiento de Betancuria.

Al final, acalorado aplauso para combatir el frío de la noche con el público puesto en pie, conmovido por Madame Butterfly y agradecido por este espectáculo de primer nivel que convirtió a la villa histórica en un barrio japonés durante unas horas. 

Betancuria se rinde a Madame Butterfly entre cerezos en flor, incienso y una ovación...
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