RELATO: ¿Animalista?

Imagen facilitada por el autor

Se sorprendió, por no decir que se asustó, cuando vio su sombra. Él, un orgulloso senegalés, tan oscuro como su propia sombra, había sido un adelantado a su tiempo. Hoy, en su vejez, tenía una posición acomodada que en verano le permitía venirse a la verde Moya a disfrutar de parajes más frescos que el caluroso Madrid.

Fue ahí, en su casa de vacaciones, donde oyó, hace algunos veranos, una historia de los indios americanos. Y es eso lo que parecía que veía ahora en el suelo, la sombra de un indio con plumas pegada a sus pies.

Recuerda con nitidez la historia, por eso, sudoroso, levanta la cabeza, mira al frente, y ve un puente de madera que cruza el alto y, en otros tiempos, caudaloso barranco. La historia cuenta que, al morir, los indios debían cruzar un puente hacia la otra vida, y que eran los animales que habían tratado en ésta, los que decidían si podían pasar o no.

No lograba contener sus lágrimas, ni su destino, porque, sin darse cuenta, avanzaba hacia el puente, o éste se le acercaba a él. Mientras no hacía más que preguntarse: «¿Qué ha pasado? ¿Cuándo he muerto?». Y ahí estaban, a ambos lados, los animales con los que se había cruzado a lo largo de su vida.

A la derecha, sus mascotas: perros, gatos, pájaros, tortugas, y algunos caballos. Todos habían sido bien tratados y aprobaban su llegada al puente, animándole a cruzar hacia la otra vida.

Sin embargo, a la izquierda había un par de vacas, alguna oveja, cientos de conejos y miles de pollos. Todos le abucheaban y no querían que pasara. Ellos habían dado su vida por él para alimentarle, mientras él se divertía con sus mascotas.

De repente, ya no se contuvieron más y se abalanzaron en tromba hacia él. Su propio grito despertó a aquel joven preuniversitario. Ahora tenía otra oportunidad para cuidar a todas las vidas por igual y cambiar su futuro.

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