Albi Canarias. Este verano, en el comedor, nadie se queda fuera
Cuando llega junio y los colegios cierran, la responsabilidad no se va de vacaciones. En campamentos, escuelas de verano y comedores que siguen abiertos durante el verano, hay niños y niñas que necesitan exactamente el mismo cuidado que el resto del año. Y en Fuerteventura, Albi Canarias lo sabe bien. Por este motivo, aunque cambie el calendario el servicio no varía de lógica. Lo que funciona en octubre tiene que funcionar también en julio.
El verano transforma el ritmo y el entorno, pero no transforma las necesidades. La del niño con alergia al huevo que va a su primer campamento. La de la niña celíaca que se incorpora a una escuela de verano. La del menor con dificultades de deglución que necesita texturas adaptadas incluso en agosto. Para ellos, la inclusión no entiende de temporadas.
Ahora bien, hablar de inclusión en el comedor escolar significa hablar de dos cosas distintas que con frecuencia se mezclan. La inclusión alimentaria y la inclusión del alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo son realidades diferentes, aunque en muchos casos conviven. Albi Canarias trabaja ambas. Y en verano, con entornos nuevos y equipos que se incorporan, la exigencia de hacerlo bien se multiplica.
Lo que hay en el plato: inclusión alimentaria sin excepciones
Hay menores que llegan al comedor con una mochila invisible. Una alergia al marisco. Una intolerancia a la lactosa. Una celiaquía que no perdona el más mínimo descuido. No son casos extraordinarios; en cualquier grupo de comedor en verano pueden coincidir varios. Y atenderlos bien no consiste en apartar un ingrediente del plato. Consiste en un trabajo previo, técnico y coordinado, que en Albi Canarias empieza mucho antes de que el menor se siente por primera vez a la mesa.
Los menús de verano los diseña el equipo dietista-nutricionista de la empresa. No desde cero cada año, sino desde el conocimiento acumulado de cada centro, de cada perfil de alumnado, de cada necesidad comunicada por las familias. A partir de junio, además, el propio menú tiene que adaptarse al calor majorero con propuestas más ligeras, con más presencia de fruta fresca, verduras de temporada, ensaladas y proteínas de fácil digestión. Comer bien en verano no es lo mismo que comer bien en invierno.
El abastecimiento a través de proveedores canarios tiene aquí un valor añadido. En junio y julio, el producto local llega antes, se manipula menos y llega más fresco a la mesa. La trazabilidad no es un requisito burocrático. Es parte de la garantía que permite a una familia saber con certeza qué está comiendo su hijo.
Un menú adaptado, cuando está bien resuelto, no se distingue del resto. Esa es la clave. Que la bandeja de un menor con necesidades alimentarias específicas no lo señale. Que comer seguro no signifique comer aparte.
Más allá de la comida: acompañar al alumnado NEAE
Hay otra dimensión de la inclusión que no se resuelve en la cocina. Para parte del alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo, el momento del comedor es uno de los más exigentes del día. No porque el menú sea inadecuado, sino porque el entorno puede serlo. El ruido de las bandejas, las conversaciones superpuestas, los cambios de turno, la luz, la imprevisibilidad. Todo junto y a la vez.
Para un niño o niña con TEA, con dificultades de regulación sensorial o con perfiles que requieren rutinas claras, entrar a un comedor desconocido con monitores que no los conocen puede ser un obstáculo real. No es una cuestión de voluntad. Es de entorno y de acompañamiento.
Por eso, en Albi Canarias, la formación de los monitores no se limita a protocolos de seguridad alimentaria. Incluye también herramientas para leer señales, para intervenir sin invadir, para mantener rutinas que transmitan previsibilidad. Los monitores que trabajan en los centros de Fuerteventura conocen al alumnado. Saben quién necesita más tiempo, quién prefiere sentarse siempre en el mismo sitio, quién puede necesitar un apoyo antes de entrar al comedor.
Como explica Alba María Guerra Molina, directora del CEIP Puerto Cabras: “La cercanía del equipo y su capacidad de respuesta marcan la diferencia. Muchas veces no solo responden, sino que se adelantan a situaciones relacionadas con dietas, alergias o necesidades específicas, lo que nos permite trabajar con tranquilidad”. Esa anticipación es especialmente relevante en verano, cuando los entornos cambian y la incertidumbre aumenta.
En un campamento o una escuela de verano, los vínculos se forman rápido. Y también se forman las primeras impresiones sobre si ese espacio es seguro o no. Un comedor bien gestionado, con monitores presentes y atentos, puede marcar la diferencia entre un verano recordado con tranquilidad o con angustia.
Dos pilares, un mismo servicio
La cocina y el monitoraje no son dos servicios paralelos. Son las dos caras del mismo compromiso. No tiene sentido ofrecer un menú impecable si el entorno en que se sirve no es seguro para quien lo necesita. Y no basta con un acompañamiento cálido si el plato que llega a la mesa pone en riesgo a un menor con una alergia grave.
Albi Canarias trabaja en Fuerteventura desde esa convicción. La presencia en la práctica totalidad de colegios y guarderías de la isla no es solo una cifra, es el resultado de años construyendo confianza con direcciones, AMPAs y familias. Una confianza que no se puede improvisar en junio. Se gana durante el curso y se mantiene cuando empieza el verano.
Para muchas familias majoreras, los meses de verano son un momento de incertidumbre. El cambio de entorno, los nuevos monitores, las cocinas desconocidas. Y la pregunta de fondo siempre es la misma. ¿Estarán en buenas manos? Con Albi Canarias en Fuerteventura, la respuesta se construye igual que el resto del año: coordinación previa, protocolos claros, supervisión técnica y equipos que conocen a quienes acompañan.
En Fuerteventura, el verano también es tiempo de comer bien, de comer seguros y de sentirse parte del grupo. Sin que nadie tenga que quedarse fuera.