Albi: Un nuevo curso, el mismo compromiso con la alimentación escolar

Empieza septiembre y, con él, vuelve a arrancar el trabajo silencioso que sostiene los comedores de la isla

Cada septiembre se repite la misma escena en los centros educativos de Fuerteventura. Mochilas nuevas, uniformes recién estrenados, nervios de primer día. Y, un poco antes de que todo eso ocurra, otro comienzo que pasa mucho más desapercibido, el de los equipos que ponen en marcha, un año más, el servicio de comedor escolar. Menús revisados, cocinas preparadas, turnos organizados. El curso empieza también en la cocina y en el comedor, aunque nadie repare en ello.

En Albi Canarias, el inicio de curso no es solo una fecha en el calendario, es la renovación de un compromiso que se sostiene todo el año, con la misma exigencia y el mismo cuidado. Y ese compromiso, en la isla, tiene nombre propio, el de las personas que cada mañana hacen posible que el comedor escolar funcione.

Volver a empezar, sin perder ni un detalle

Antes de que suene el primer timbre del curso, el trabajo ya está en marcha. Revisar menús, actualizar dietas especiales, comprobar protocolos de alérgenos, coordinar horarios con los centros. Nada se improvisa, y detrás de esa preparación hay un equipo que conoce bien la responsabilidad que asume cada septiembre.

Cada curso escolar plantea una realidad distinta, aunque las rutinas puedan parecer similares. Cambian los niños y sus necesidades, lo que exige que el equipo esté preparado para adaptarse desde el primer día.

Ese primer día, precisamente, es uno de los momentos más delicados del curso. El alumnado más pequeño se enfrenta al comedor por primera vez, muchas veces con inseguridad o con miedo a lo desconocido. Ahí es donde entra en juego el trabajo del equipo de monitoraje, que acompaña ese primer contacto con paciencia y cercanía.

El comedor, un espacio que también enseña

Y es que para muchos niños y niñas, el primer día de comedor es casi tan importante como el primer día de clase. Por eso, resulta fundamental ganarse su confianza desde el inicio y conseguir que perciban el comedor como un espacio seguro.

“Para muchas familias, empezar el comedor genera dudas, y nuestro trabajo es transmitir tranquilidad desde el primer día. Que un niño llegue con miedo y, en pocas semanas, sienta el comedor como un espacio seguro es lo que más satisfacción nos da cada septiembre.” —comenta Yaiza Domínguez Vega, coordinadora de colegios de Albi Canarias en Fuerteventura.

Esa confianza se construye con hábitos que se repiten curso tras curso, comer despacio, probar alimentos nuevos, respetar los turnos, cuidar el espacio compartido. Aprendizajes que no figuran en ningún libro de texto, pero que forman parte esencial de la experiencia escolar.

El equipo de dietistas-nutricionistas de Albi Canarias trabaja, además, en la planificación de los menús de todo el curso, adaptados a cada etapa educativa y a las necesidades específicas del alumnado. Una planificación que combina equilibrio nutricional, seguridad alimentaria y aceptación real por parte de los niños y niñas, sin perder de vista la realidad de cada centro.

Para facilitar esta adaptación, los monitores y monitoras reciben formación y acompañamiento específicos que les permiten atender las necesidades de cada alumno, especialmente las de los más pequeños. Esta labor cuenta con el respaldo de una estructura coordinada, en la que participan el equipo de nutrición, las personas responsables de coordinación y la figura formadora, con el objetivo de ofrecer una atención coherente, cercana y adaptada desde el inicio del curso.

Coordinar cada centro, cada septiembre

El arranque de curso también pone a prueba la capacidad de coordinación del equipo. Cambios de última hora, incorporaciones de nuevo alumnado, ajustes de última semana. Todo eso recae, en buena parte, sobre las coordinadoras de zona, que son quienes mantienen el contacto directo con direcciones de centros y AMPAs.

Septiembre es un mes especialmente intenso, en el que es necesario coordinar numerosos detalles de forma simultánea. Al mismo tiempo, supone el inicio de una nueva etapa y permite comprobar cómo la actividad vuelve a ponerse en marcha gracias a la implicación y la capacidad de respuesta del equipo.

Esa capacidad de respuesta no surge de la nada. Se apoya en equipos que llevan cursos trabajando juntos, que conocen los centros de la isla y que han ido perfeccionando, año tras año, la manera de anticiparse a los imprevistos propios de cada arranque escolar.

“Cada curso el servicio evoluciona porque el alumnado también cambia. Adaptarnos a esas necesidades, sin perder de vista que el comedor facilita la conciliación de muchas familias —señala Domínguez Vega—, es parte de nuestro compromiso cada mes de septiembre.”

Lo que no cambia, curso tras curso

Cambian las caras del alumnado, cambian a veces los centros, cambian las circunstancias de cada año. Pero hay algo que se mantiene constante, la implicación de las personas que hacen posible el servicio. Cocineras y cocineros, monitoras y monitores, coordinadoras de zona, equipo de nutrición. Todos ellos sostienen, curso tras curso, un servicio que en Fuerteventura ha ido ganando la confianza de familias y centros educativos.

Al comienzo de cada nuevo curso, la prioridad es garantizar el buen funcionamiento del comedor y asegurar que todos los niños y niñas reciban una atención adecuada, independientemente de las circunstancias que puedan surgir.

Con el nuevo curso llega, una vez más, el mismo compromiso de siempre. El de un equipo que entiende que alimentar bien a la infancia y la juventud de la isla no es solo un servicio, es una responsabilidad que se renueva cada septiembre, con la misma dedicación de siempre.